Envejeciendo…

Las putas gotas


Poco a poco me voy haciendo viejo, o mayor, o menos joven. El caso es que van pasando los años y el cuerpo lo va notando, en mi caso menos porque mi cuerpo siempre ha estado regular…

Cuando eres joven piensas en “cuando sea mayor…” como algo que tiene que ver con la edad, o con el sueldo. Quizás lo relacionas con dejar de lado algunas aficiones (consola, guitarra, croché…) que piensas son más propias de edades tempranas.

El fin de semana pasado tuve una revelación, he descubierto lo que significa hacerse mayor, he experimentado en mi mente lo que de verdad nos hace “ser mayores” y no es otra cosa que… comer más.

No os habéis dado cuenta de que a medida de que vamos creciendo los planes habituales con pareja, amigos o bichos es… quedar para cenar, almorzar, ir al cine (todos vamos por las palomitas y las gominolas, no nos engañemos),… en definitiva… comer más.

Cuando era un niño, el tiempo que me quedaba después de clase y de hacer los deberes (para los de la LOGSE, eran unas tareas que nos encargaban hacer en casa por las tardes) lo empleaba en jugar con la pelota o tirarle piedras a las niñas que me gustaban. Apenas comía y lo poco que ingería era por obligación de mis sufridos progenitores.

En el instituto, empecé a quedar con amigos para tomar café como parte de las nuevas actividades porque “somos mayores”. Por las noches nos íbamos a la plaza del pueblo para comer patatas y pipas mientras llamábamos tontas a las niñas que nos gustaban… ya empezábamos a hacernos mayores comiendo!!

Al llegar a la Universidad, lo habitual era quedar en casa de los amigos a tomar dulces o a cenar pizza. En aquella época descubrimos lo que era comer un chawarma (para los de Madrid, es lo a que aquí llamáis durum kebab) a altas horas de la madrugada en las calles de Pedro Antonio. Nos hacíamos mayores por el hecho de poder comer en la puerta de los pubs!!

Ahora que estoy trabajando, que vivo en pareja, que tengo piso, coche y una bolsa llena de botes para los ojos, me hago mayor porque me voy casi todos los viernes a cenar al Chabolu (para los de Granada, es un bar chachipiruli en el que te pones ciego de comer y beber por 10€ la noche). Quedo los fines de semana para comer en el VIPs o para cenar en el Foster. Cuando viajo o recibo a visitantes (para vosotros, son esos que vienen a visitarme) acostumbro a ir a “ese sitio donde se come tan bien”. ¿Aún no lo veis claro?

El caso es que después de un fin de semana en el que debo “haberme hecho mayor” una barbaridad, me he tirado dos días vomitando y no sé si he perdido cuatro kilos o cuatro años. Para mí comer y envejecer es básicamente lo mismo.

5 Comentarios

  1. Trisvan dice:

    Qué grimazo da la foto… y lo del croché. ¿Cuándo nos vemos para un café…. con pasteles?

    Bye

  2. b3ni dice:

    Muy orginal!!! Jejejeje
    No te haces viejo, comes más!
    Pero tioooo, ¿¿¿que es el cine sin palomitas???

  3. tobal dice:

    Trisván, siento decirte que tú darás más grima cuando seas viejo :D El café, en cuanto te vengas a vivir a Madrid. Con un poco de suerte celebraremos nuestros nuevos curros…

    B3ni, últimamente mi paranoia está consiguiendo vencer a mi confianza, quizás sea el motivo por el que como más. Aún así mantengo lo expuesto en el post :D

  4. demo dice:

    Yo solo noto la vejez en la duración de las resacas…

  5. tobal dice:

    Demo, es que tú eres muy mayor… hablo de años y tamaño de barriga :D

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